Hildegarda de bingen.

Hildegarda de Bingen fue una santa abadesa beneductina y polímata alemana activa como compositora, escritora, filósofa, científica,naturalista ,médica, mística, líder monacal y profetista durante la plena Edad Media.​ Conocida también como la sibila del Rin y la profetisa teutónica, así como la más grabada en la época moderna.​ Además, es reconocida por muchos expertos como la madre de la historia natural. ​

Es también una de las figuras más ilustres del monacato femenino y quizás quien mejor ejemplificó el ideal benedictino,​ al estar dotada de una inteligencia y cultura fuera de lo común,​ y al ser una de las escritoras de mayor producción de su tiempo.

Fundó los monasterios de Ruperstberg, en 1150, y de Eibingen, en 1165.​ Escribió poemas y supervisó iluminaciones en miniatura en el manuscrito de Rupertsberg de su primera obra, Scivitas. Es una de los pocos compositores que se sabe escribieron tanto la música como las letras.​ Una de sus obras, "el Ordo virtutum", es un ejemplo temprano de un drama litúrgico y es probablemente el ejemplar más antiguo que sobreviva de mortalidad .También se le conoce por la invención de una lengua construida conocida como Lingua Ignota.

Desde niña, Hildegarda tuvo una débil constitución física, sufrió de constantes enfermedades y experimentaba visiones.

En 1141, a la edad de cuarenta y dos años, sobrevino un episodio de visiones más fuerte, durante el cual recibió la orden sobrenatural de escribir las visiones que en adelante tuviese.​ A partir de entonces, escribió sus experiencias, que dieron como resultado el primer libro, llamado Scivitas (Conoce los caminos), que no concluyó hasta 1151.

A través de sus textos, la abadesa realizó interesantes aportaciones a la ciencia. A pesar de creer en un origen divino, no pensaba que la creación fuese resultado de una intervención sobrenatural sino de la presencia de los cuatro elementos primordiales que dividió en dos clases, las superiores o celestiales (fuego y aire) y las inferiores o terrenales (agua y barro). Según Hildegarda, ambas clases estaban relacionadas como lo estaban el macrocosmos y el microcosmos. Por ello Hildegarda intentó armonizar la física con la anatomía y la fisiología.

La nueva abadesa, hacia el 1141, le confió al monje Volmar, que Dios se le había aparecido para mandarle escribir sus visiones. Este le animó a hacerlo para examinar, posteriormente, si su procedencia podía ser divina. Juzgó que lo era y, así se lo comunicó al abad de San Disibodo, colocándolo en una delicada situación. Era arriesgado autorizarla a escribir sus visiones y a ejercer una misión profética que la jerarquía eclesiástica creía reservada a los hombres. Sin embargo, algunos monjes le hicieron ver que contar con una visionaria en el monasterio podría favorecer el incremento de monjas y donativos. Así que, al fin, el abad accedió y, una vez Hildegarda hubo redactado sus primeros textos con la ayuda de Volmar, se los mostró al arzobispo de Maguncia.

Mostró grandes conocimientos de botánica, medicina y fisiología humana. Intuyó la circulación de la sangre siglos antes de que pudiese comprobarse y realizó la descripción más detallada del orgasmo femenino que se había hecho hasta la fecha. En realidad, todas sus explicaciones médicas sobre el sexo llaman la atención por su realismo. Es muy destacable que una mujer sin instrucción formal llegase a aceptar que, con independencia del impulso creador, los misterios del cosmos podían explicarse a través de la observación y el razonamiento.
La fama de santa y profetisa que llegó a tener la abadesa fue tal que, en 1150, el propio emperador Federico I Barbarroja la invitó a entrevistarse con él en su palacio en Ingelheim. El aprecio mutuo que generó esta entrevista,llegó a tal grado que, trece años más tarde, el soberano otorgó un edicto de protección imperial a perpetuidad al monasterio de Rupertsberg.​

La labor de escritora de Hildegarda se vio interrumpida muchas veces por los viajes de predicación pero no dejó de sorprender y admirar a sus contemporáneos que una abadesa abandonara su monasterio para predicar. El contenido de su predicación giraba en torno a la redención, la conversión y la reforma del clero, criticando duramente la corrupción eclesiástica, además de oponerse firmemente a los cátaros (una secta religiosa medieval dualista del sur de Francia); al condenar las doctrinas de estos, proponía el combate de sus errores mediante la predicación y la edificación del clero.

Santa Hildegarda de Bingen nos dejó un valioso legado en las artes y las ciencias y un testimonio de inteligencia, fortaleza y astucia. Murió el 17 de septiembre de 1179 y fue sepultada en la iglesia del convento de Rupertsberg del que fue Abadesa hasta su muerte. Sus reliquias, que actualmente se encuentran en Eibingen, permanecieron en Rupertsberg hasta que el convento fue destruido por los suecos en 1632. Su recuerdo y sus aportaciones se olvidaron durante siglos, hasta que la humanidad volvió a necesitarlas en la II Guerra Mundial.

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